Aunque con gran esfuerzo, como la mayoría de los miércoles, Antonia se dirigió al supermercado de su barrio. A la vuelta del trabajo, cansada y con un compromiso nocturno en puerta, sólo tenía ganas de llegar a casa, quitarse los zapatos y tomar un café que le permitiera relajarse. Pero como bien decía su padre, “la necesidad tiene cara de hereje”, y a ella, con el sueldo achicado a esa altura del mes, la posibilidad que le quedaba era la de aprovechar el beneficio del veinte por ciento al que accedía con su tarjeta de crédito. Apenas entró abrió la heladera pensando en evitar el trámite, pero un vacío imposible de llenar, la terminó de decidir. Casi con fastidio, caminó las tres cuadras que la separaban del local, arrastrando el changuito fashion. A sus pocas ganas se sumaba esta vez, la bronca que le había producido una noticia reciente: un custodio de la misma cadena de supermercados, había provocado con sus golpes, la muerte de un anciano al que sorpr...